“Lluïsa Forrellad recibió el Premio Nadal en 1953. La autora de Siempre en capilla tenía 26 años y, según confiesa hoy en La Vanguardia, no supo llevar a cuestas el peso de su éxito. La autora, que regresa al mercado editorial, recuerda aquella angustiosa sensación de agobio y denuncia haber padecido una auténtica “persecución”: ser el centro de las miradas, que te atosiguen… tenía que atenderlos a todos…” He aquí el texto completo de la entrevista, en que Forrellad, ahora 79, habla sobre las dificultades que le provocó el éxito repentino. Basilio Baltasar en su blog comenta la entrevista: “Como si hiciera el inventario de las penalidades más espantosas que pueden tocarle en suerte a un ser humano, Forrellad lamenta haber sido víctima de lo que al principio parecía un logro. Pero en lugar de preguntarse si la efímera gloria de un premio justifica 50 años de silencio literario, la autora no se resiste a dedicarnos un suave reproche. Como si hubiéramos formado parte de aquéllas hordas de lectores entusiastas.” |
Se dice: tienes que decidir si quieres ser pez grande en una pequeña laguna, o pez chico en un lago grande. Aquellos que son grandes peces en el océano, tienen una cosa común: 10 mil horas de práctica. Seguimos resumiendo el libro de Malcolm Gladwell, sobre los „Fueras de serie”. Cuanto más miran los psicólogos las carreras de los mejor dotados, menos les parece el papel del talento innato; y mayor el que desempeña la preparación.
En los tres grupos todos empezaron más o menos a la misma edad, alrededor de los cinco años. A los veinte años, los intérpretes de la elite habían acumulado diez mil horas de práctica cada uno. En contraste, los estudiantes buenos habían sumado 8 mil horas; y los futuros profesores de música, poco más de cuatro mil. Según el neurólogo Daniel Levitin la imagen que surge de tales estudios es que se requieren 10 mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial. Parece que el cerebro necesita todo este tiempo para asimilar cuanto necesita concer para alcanzar un dominio verdadero.
Los Beatles en 1960 llegaron a Hamburgo, puerto de Alemania. Tocaron en clubes de mala nota, siete noches por semana. John Lennon dijo en una entrevista: „En Liverpool, las sesiones sólo duraban una hora, así que sólo tocábamos las mejores canciones, siempre las mismas. En Hamburgo teníamos que tocar ocho horas, así que no teníamos más remedio que encontrar otra forma de tocar.” De hecho, cuando los Beatles tuvieron su primer éxito en 1964, habían actuado Esta regla no sólo pertenece a la música. He aquí otro ejempolo de la importancia de las 10 mil horas, el caso de Bill Gates, fundador del Microsoft. Gates estudiaba en una escuela privada, Lakeside, de la elite de Seattle. El Club de Madres en el regular mercadillo escolar en 1968 juntó 3000 dólares. Esta suma la invirtieron en una terminal informática con conexión directa a un ordenador central en la ciudad de Seattle. Entonces, Gates pudo programar en tiempo real mientras cursaba octavo de educación básica. A partir de aquel año, vivió en la sala del ordenador. „Era mi obsesión – cuenta Gates – . Me saltaba la educación física. Iba allí por las noches. Programábamos durante los fines de semana.”
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Federico García Lorca - los españoles lo conocen como muy andaluz. Sus admiradores (entre ellos, yo) saben que es poeta universal. El duende es la esencia de todo lo que es arte - dice Lorca en 1933: “En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: “Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo”; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: “¡Ole! ¡Eso tiene duende!”, y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende.” Y no hay verdad más grande. Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: “Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica.” Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: “El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies.” Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.” Teoría y juego del duende He aquí una niña andaluza, de tan sólo 11 años, que canta a su abuelo en la tele. Escuchando a María Carrasco entendemos qué es el duende. Más explicación ya no se necesita. MARIA CARRASCO - SEVILLANA DEL ABUELO María creció, aquí ya tiene 13, y su arte creció con ella. |











