El miedo, o pánico escénico es una reacción atávica frente el estrés, que puede ser decisivo sobre el éxito o el fracaso de uno. Hay artistas que lamentablemente buscan una solución simple, y descubren el alcohol, o la cocaína para calmar su pánico. Los buenos consejos comúnes no sirven mucho. Cinco minutos antes de un espectáculo nadie puede realizar ejercicios de yoga, ponte tú. Además, ¡el propósito no es la calma total!
Ya hemos hablado mucho sobre los efectos devastadores del estrés, y de las angustias sobre el desempeño. Es menos conocido, que un cierto grado moderado de angustia puede ser útil, especialmente en casos, cuando hay que realizar el desempeño en espacio y tiempo limitado. La angustia moderada ayuda en movilizar energías para sacar a la luz todos los recursos de uno – todas sus competencias y conocimiento en inmediato. En este estado predomina el sistema nervioso simpático, se agudizan los sentidos, los músculos están activos, la presión arterial se eleva, la circulación sanguínea del cerebro se fortalece.
Este estado es diferente de la relajación, cuando la atención se dirige hacía dentro, el pulso se pone lento, y el nivel de la conciencia tienda hacía el estado soñoliento.
¿Qué estado mental es más propicio para el éxito?
Lo que necesitan los que sufren de miedo escénico, es un estado mental, que el famoso psicólogo Róbert Csíkszentmihályi llama „the flow”, o sea, „el fluir”.
En una entrevista para la revista Wired, Csíkszentmihályi describió el flujo como “el hecho de sentirse completamente comprometido con la actividad por sí misma. El ego desaparece. El tiempo vuela. Toda acción, movimiento o pensamiento surgen inevitablemente de la acción, del movimiento y del pensamiento previos, es como si estuviéramos tocando jazz. Todo tu ser está allí, y estás aplicando tus facultades al máximo.