Se dice: tienes que decidir si quieres ser pez grande en una pequeña laguna, o pez chico en un lago grande. Aquellos que son grandes peces en el océano, tienen una cosa común: 10 mil horas de práctica. Seguimos resumiendo el libro de Malcolm Gladwell, sobre los „Fueras de serie”.
Cuanto más miran los psicólogos las carreras de los mejor dotados, menos les parece el papel del talento innato; y mayor el que desempeña la preparación.
En la Academia de Música de Berlín, una institución elitista, el psicólogo K. Anders Ericsson con sus colegas realizó un estudio en los años noventa. Con ayuda de los profesores de la Academia, dividieron a los violinistas en tres grupos: las futuras estrellas, los buenos, y los mediocres. Todos respondieron a la siguiente pregunta: en el curso de toda su carrera, desde que tomó por primera vez el violín, ¿cuántas horas ha practicado en total?
En los tres grupos todos empezaron más o menos a la misma edad, alrededor de los cinco años. A los veinte años, los intérpretes de la elite habían acumulado diez mil horas de práctica cada uno. En contraste, los estudiantes buenos habían sumado 8 mil horas; y los futuros profesores de música, poco más de cuatro mil.
Según el neurólogo Daniel Levitin la imagen que surge de tales estudios es que se requieren 10 mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial. Parece que el cerebro necesita todo este tiempo para asimilar cuanto necesita concer para alcanzar un dominio verdadero.
Esto se cumple hasta con los casos emblemáticos de prodigio. Harold Shonberg, crítico de música dice que Mozart no produjo sus mejores obras hasta que llevaba más de veinte años componiendo.
Los Beatles en 1960 llegaron a Hamburgo, puerto de Alemania. Tocaron en clubes de mala nota, siete noches por semana. John Lennon dijo en una entrevista: „En Liverpool, las sesiones sólo duraban una hora, así que sólo tocábamos las mejores canciones, siempre las mismas. En Hamburgo teníamos que tocar ocho horas, así que no teníamos más remedio que encontrar otra forma de tocar.” De hecho, cuando los Beatles tuvieron su primer éxito en 1964, habían actuado
en directo unas 1200 veces.
Esta regla no sólo pertenece a la música. He aquí otro ejempolo de la importancia de las 10 mil horas, el caso de Bill Gates, fundador del Microsoft.
Gates estudiaba en una escuela privada, Lakeside, de la elite de Seattle. El Club de Madres en el regular mercadillo escolar en 1968 juntó 3000 dólares. Esta suma la invirtieron en una terminal informática con conexión directa a un ordenador central en la ciudad de Seattle. Entonces, Gates pudo programar en tiempo real mientras cursaba octavo de educación básica. A partir de aquel año, vivió en la sala del ordenador. „Era mi obsesión – cuenta Gates – . Me saltaba la educación física. Iba allí por las noches. Programábamos durante los fines de semana.”
Aquellos cinco años que van desde octavo grado al final del instituto fueron el Hamburgo de Bill Gates. Cuando dejó Harvard después de su segundo año de estudiante para probar suerte con su propia empresa de software llevaba siete años consecutivos programando prácticamente sin parar. Había sobrepasado con creces las diez mil horas.
FUERAS DE SERIE (Spanish Edition)










