Exito con EFT – Liberación Emocional

Federico García Lorca – los españoles lo conocen como muy andaluz. Sus admiradores (entre ellos, yo) saben que es poeta universal. El duende es la esencia de todo lo que es arte – dice Lorca en 1933:

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Federico García Lorca

“En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: “Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo”; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: “¡Ole! ¡Eso tiene duende!”, y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende.” Y no hay verdad más grande.

Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: “Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica.”

Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: “El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies.” Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.”

Teoría y juego del duende
Federico García Lorca
Madrid, 1933.

He aquí una niña andaluza, de tan sólo 11 años, que canta a su abuelo en la tele. Escuchando a María Carrasco entendemos qué es el duende. Más explicación ya no se necesita.

MARIA CARRASCO – SEVILLANA DEL ABUELO

María creció, aquí ya tiene 13, y su arte creció con ella.

MARIA CARRASCO – MILONGAS DEL ABUELO

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Existe un mito según el cual una persona genial, o de gran talento siempre encontrará su camino, pese a las dificultades. Si no le resulta, entonces no es tan talentoso. La realidad es diferente, dice Malcolm Gladwell.

Chris Langan

Chris Langan

En su libro „Fueras de serie” examina y compara la vida de dos genios. Uno es Christopher Langan, un hombre con el coeficiente intelectual más alto del mundo, sobre 190, y el otro es Robert Oppenheimer, el físico conocido por encabezar el esfuerzo estadounidense por desarrollar la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Langan ya muy niño leyó las obras fundamentales de la física teórica, y soñaba sobre investigar las soluciones últimas. Añoraba la atmósfera intelectual electrificante de las grandes universidades, sin embargo, no logró terminar sus estudios universitarios, y vive en un criadero de caballos en Tejas, escribiendo libros y artículos los que no publica nadie. Langan viene de una familia pobre y totalmente disfuncional. Nadie le enseñaba las reglas de urbanidad. Carecía valentía para conversar con autoridades y representar sus propios intereses. Por eso – pese a los tremendos esfuerzos que hizo para estudiar – no logró recibir la beca que le correspondía, y las facilidades que merecía. Por ser muy tímido y algo rústico, sus profesores en la universidad no descubrieron su enorme talento. Al final quedó fuera, frustrado. Es difícil decir quien perdió más con eso, él, como persona, o la sociedad.

Robert Oppenheimer

Robert Oppenheimer

En cambio, Robert Oppenheimer tuvo la educación adecuada para desarrollar sus capacidades. No sólo las intelectuales, sino también, lo que se llama „el curriculum invisible”. Las actitudes en sociedad, la seguridad en sí mismo, que permite portarse como de igual a igual con personas de autoridad. Tampoco le fue fácil. En Cambridge se interesó por la física teórica, y su tutor le obligó a estudiar física experimental. Él se desanimó y se volvió cada vez más inestable emocionalmente, hasta que tomó algunas sustancias químicas del laboratorio, e intentó envenenar su tutor. Blackett, por suerte, se dio cuenta de que algo andaba mal, y Oppenheimer tuvo que entrevistarse con el decano. Y, ¿qué pasó? Al final, se acordó que Robert sería sometido a libertad condicional, y a sesiones regulares con un eminente psiquiatra. O sea: la persona más inteligente del mundo que carecía de las habilidades sociales necesarias para representar sus propios intereses terminó como cowboy en Tejas. Y la otra, en vez de secarse en la cárcel, llegó a dirigir el proyecto científico tal vez más importante del siglo XX.

FUERAS DE SERIE (Spanish Edition)

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